De amarillo azul
Hoy en la mañana me acordé que tenía que recoger el DNI de la RENIEC. Al inicio no iba a ir, quería quedarme leyendo o preparando alguna cosa, pero luego me di cuenta que mañana tengo una odiosa conferencia y por lo tanto iba a estar zambullida en obligaciones hasta la próxima semana. Así que, razoné y fui.
“El señor de la oficina de registros tenía el pelo cano, insipiente, ojos azules y sonrisa desgarbada. Me recibió muy serio, me preguntó el apellido y luego de eso se voltió hacia una pila muy grande de cartulinas celestes y amarillas que se posaban impecablemente sobre un escaparate de madera.”
Yo como siempre, inquisidora de caracteres y personas, lo seguía cautelosamente con la mirada. Vi que cogía los documentos amarillos. Me causó extrañeza. Todos saben que el amarillo le corresponde a los menores. No dije nada, pero intenté pensar en alguna posibilidad que justificara su acción.
”- Quizás aún no esté lista para un documento azul - me dije. Podría ser que con las leyes y dictámenes que vienen y van en este país, ahora la edad de consentimiento sea 19 o quizá, que con lo alborotado que está todo el mundo en esta oficina, se equivocaron y me pusieron en la lista de menores; lo cual, si fue gracias a la primera impresión de mi fotografía, hubiera sido, con todo, casi un halago”.
- Espere, creo que me corresponde el de adulto -. El hombre levantó la mirada y esta vez menos severo, preguntó: ¿Cuántos años tienes?. - 18. En mis adentros pensaba: Qué le pasa a este señor, yo ya estoy grande, llevo 2 años en la universidad, estoy a punto de conseguir un empleo y se podría decir que ya soy parte de la burguesía.
”- Pareces más chica. Quién quisiera tener tu edad -. Luego esbozó una sonrisa socarrona y se dejaron ver un par de dientes amarillos. Me entregó el documento y llamó al siguiente de la fila.”